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Wednesday, September 28, 2022

Sondra Radvanovsky, una de las mejores sopranos del mundo, cree que la ópera necesita un cambio

“De alguna manera, encontré mi fortaleza interior durante la pandemia. Cuando sos cantante y hacés una carrera como esta, constantemente estás andando, andando y andando de un lado para el otro, y no tenés tiempo para parar y preguntarte qué estás haciendo y qué hiciste”. dice la soprano norteamericana Sondra Radvanovsky en diálogo via Zoom con Clarín, desde Nueva York.

Y continúa Radvanovsky: “Entonces, la pandemia fue una oportunidad para ver lo que había hecho hasta ahora, revalorarlo y preguntarme: ¿Todavía amo lo que hago? ¿Quiero seguir haciéndolo?”, dice quien el martes 5 de julio cantará por primera vez en el escenario del Teatro Colón.

Sondra Radvanovsky nació en Berwyn, Illinois, pero tiene nacionalidad canadiense y reside en Toronto. Ella es una de las grandes sopranos de nuestros días, con una voz enorme y corpulenta. Desde que comenzó su carrera, hace casi tres décadas, nunca más paró.

Una charla a corazón abierto

Sondra Radvanovsky volvió a cantar luego de la muerte de su madre. Foto: Michael-Cooper

Sondra Radvanovsky volvió a cantar luego de la muerte de su madre. Foto: Michael-Cooper

Con una amabilidad y calidez enormes, Sondra Radvanovsky se entregó a una charla franca y abierta, con sus emociones a flor de piel. No le asusta exponerlas y hablar sobre ellas, por el contrario, se emocionó hasta las lágrimas en más de una oportunidad durante la entrevista cuando habló sobre su madre, que murió el mes pasado.

También se refirió a su presente personal y profesional intenso, atravesado por una separación y un divorcio, en medio del aprendizaje de Medea de Cherubini, un rol nuevo para la apertura de la próxima temporada en el MET, el 27 de septiembre; también en noviembre de este dará un recital en el Carnegie Hall, y actualmente está leyendo poesías sobre las madres para un Ciclo de canciones. 

-Retomó sus actividades a pleno después del confinamiento. Sin embargo, ¿puede afirmar que siegue siendo la misma de antes?

-Encontré una fuerza interior, tal vez la que tuve hace muchos años, pero la había perdido en los últimos veinte. Me di cuenta que amo aún más lo que hago y que tengo una gran pasión por cantar.

Nosotros los cantantes, bailarines, músicos, pusimos a nuestra salud y nuestras vidas en riesgo sólo para hacer lo que amamos. Porque en verdad no conocemos los efectos a largo plazo del COVID. Y quién sabe cuándo se va a terminar. Es algo con lo que vamos a tener que vivir.

-Contó en una oportunidad que durante el confinamiento no podía cantar. ¿Qué le sucedió?

-Cantar es muy emocional. Lo cual es bueno, pero también malo. Cuando estás muy sensible, la primera cosa que se cierra es tu garganta porque querés llorar. Trataba de cantar dos notas y sólo lloraba, era una respuesta emocional. Y no soy la única, a muchos de mis amigos también les pasaba.

Sondra Radvanovsky acaba de atravesar un divorcio y lleva esa emoción al escenario. Foto Michael Cooper

Sondra Radvanovsky acaba de atravesar un divorcio y lleva esa emoción al escenario. Foto Michael Cooper

Hablamos de eso en Screaming Divas (Divas grabando), un show en YouTube que hicimos durante el confinamiento con mi gran amiga, la soprano Keri Alkema. Keri y yo hicimos charlas distendidas con personajes del mundo de la cultura y hablamos de todo. De hecho, se convirtió es una especie de sesión de terapia. Y haciendo Screaming Divas me di cuenta de que puedo hacer algo más que sólo cantar.

El regreso a los escenarios

-¿Cómo fue su vuelta al escenario y el reencuentro con el público después del confinamiento?

-En junio 2020 volví a cantar en un teatro, pero sin público. Después, en la Coruña, canté con sólo cincuenta personas en la sala. Entonces, cuando volví a cantar con el público a pleno, empecé a llorar.

Porque cuando pensás en la ópera, pensás en la orquesta, los escenarios, los cantantes, el coro. Pero el elemento que se olvida algunas veces es el público. Y hasta esta experiencia creo que no me había dado cuenta del factor importante que es el público en el teatro en vivo.

Por supuesto que entre los cantantes siempre comentamos “Oh, bueno, gran público esta noche”. O, “Bueno, qué duro estuvo hoy”. De algún modo podría decir que el público es como una especie de espejo. Necesitamos esa vitalidad, esa reacción, porque nos da y nos devuelve la energía que entregamos. Nos alimenta y nos hace mejores intérpretes.

-Y el público ahora está sediento y con una gran necesidad de reconectar con los cantantes que ama, la música, el teatro.

Sí. Una cosa es ver los videos que tantos teatros de ópera han subido a la web. Pero es siempre lo mismo. Sabemos qué esperar, es como escuchar un CD. Pero en el teatro en vivo, cada presentación es diferente, porque somos seres humanos y somos distintos cada día. La orquesta y el público también son diferentes cada día. Esa es la gran magia de la ópera. Y la amo absolutamente.

El mundo de la ópera y sus necesidades

-¿Con qué se encontró el mundo de la ópera en su vuelta a los teatros?

El mundo de la ópera necesita un cambio. Creo que la ópera es una de las formas musicales más antiguas. Siento que la ópera sigue en la oscuridad de la antigüedad donde empezó. Y creo que con el movimiento #MeToo, la inclusión e igualdad con LGTBQ, y luego la pandemia, forzó a la ópera a avanzar hacia los tiempos más modernos.

¿Estamos en 2022? Creo que todavía no. Pero estamos yendo hacia allí y estamos viendo más diversidad en nuestra área artística, y más mujeres directoras en la ópera. Pienso que cuando vas a la ópera querés conectarte con lo que pasa en el escenario. Y si sólo ves personas que se parecen a mí, no todos podrán relacionarse con lo que pasa en el escenario.

Sondra Radvanovsky. La soprano considera que el mundo de la ópera necesita un cambio. Foto Michael-Cooper

Sondra Radvanovsky. La soprano considera que el mundo de la ópera necesita un cambio. Foto Michael-Cooper

-Por otro lado, la ópera es uno de los pocos espacios donde podemos conectar con la fantasía, con cierto ritual, que en los últimos años estuvo extinguido.

-Siempre llamo a la ópera “suspensión del descreimiento”. No podés creer que tengo 15 o 16 años, como Violetta (el personaje de La Traviata), cuando tengo 53. Pero podemos, tal vez con un buen vestuario y mucho maquillaje, pretender que sí.

Sin embargo, si hay una mujer latina entre el público que quiere ver a alguien que se parezca a ella, o un hombre gay, y quiere relacionar con esa situación, nosotros tenemos que proporcionársela porque estamos en 2022. Tenemos que permitir que las personas se sientan cómodas para expresar quiénes son. Y de eso se trata la ópera, de que puedan relacionarlo con lo que ven sobre el escenario.

-Tal vez la nueva generación de compositores de ópera incluyan en sus argumentos todas estas situaciones.

-Hay compositores que ahora están escribiendo óperas sobre estas situaciones modernas y estas conversaciones difíciles. Les dije que necesitamos que todo eso suceda. Y lo estamos logrando, estamos llegando ahí.

Lo que presentará en el Colón

-Hablemos sobre el programa que presentará en el Teatro Colón. ¿Qué pensó en el recorrido que armó en la primera parte del recital, desde el bel canto hasta Verdi?

-Ese recorrido para mi es para mí es un viaje. Quiero mostrar cómo toda la música italiana progresó realmente, basada en el estilo del bel canto. Desde muy temprano todo es sobre la voz y la técnica, la hermosa y larga línea del canto, aun en el verismo. Cuando entramos en La Mamma Morta (Andrea Chenier) todavía está esa hermosa línea vocal. Y tengo especial afinidad por toda la música italiana.

-¿Y la segunda parte del concierto?

-La segunda parte la llamo “carne con papas” (risas).

-Buena comida…

Más Puccini y verismo. Es la música que realmente amo. Además, en este momento, con mis 53 años, atravesando una situación emocional difícil, con una separación y un divorcio, resulta muy catártico. Es muy catártico hablar de las pérdidas y muerte.

Sondra Radvanovsky toca hace 28 años con el pianista Anthony Manoli, también su coach vocal. Foto: Michael-Cooper

Sondra Radvanovsky toca hace 28 años con el pianista Anthony Manoli, también su coach vocal. Foto: Michael-Cooper

-¿Cómo funciona esa liberación en el escenario?

-Canté en mayo de este año Un ballo in maschera en Munich, con Piotr Beczala, que estuvo hace poco en el Teatro Colón. La última noche, después de decir “Morró” (moriré), en el tercer acto (en el aria característica de Amelia Morrò, ma prima in grazia), tenía el anillo de bodas, me lo quité y se lo tiré al que interpretaba a mi marido. Terminé de cantar el aria y empecé a llorar intensamente.

Es una manera de liberar las emociones. Y mi terapeuta me dijo: “Sandra, lo único en tu vida que no ha cambiado nunca es tu canto y tu habilidad para cantar. ¡Usalo ahora mismo para ayudarte con todas tus emociones y sentimientos!”. Justo cuando ella me dijo esto, pensé, “bueno, es lo que el público siente también”.

-Todavía debe estar muy afectada por la reciente muerte de su madre, apenas un mes atrás.

-Me afectó mucho. Voy a cantar La mamma morta… en el Teatro Colón, por primera vez desde que mi mama murió. No será lo mismo (se le corta la voz y llora). Cada vez que canto algo, por supuesto voy a texto, pero algunas veces, si no puedo crear algo en mi mente, creo una historia en mi cabeza para hacerlo más real, no sólo un aria, también una canción.

Y, en general, trato de relacionar algo que pasó en mi vida con la historia que estoy contando. Mi vida ha sido tan rica y llena de tantas cosas. Tengo mucho de donde tomar. Así que, la historia que tal vez conté cuando canté La mamma morta… seguramente será muy diferente de lo que hice hasta ahora.

-Tiene el don de hacer algo virtuoso con el dolor y el público puede tomar eso también.

-¡Gracias! Tengo una vida llena no sólo de felicidad, también de muchas tragedias (se conmueve y llora).

-Es muy valiente en mostrarse vulnerable. Estamos acostumbrados, y hasta obligados a veces, a mostrarnos felices y luminosos. Hay una dificultad en compartir e integrar todas las experiencias buenas y malas que, en definitiva, es lo que nos hace crecer emocionalmente.

A todo el recital lo llamo Amor y pérdida. Todas las canciones hablan sobre el amor y la pérdida, y, de hecho comienzo con la pérdida. Porque la pérdida se puede convertir en amor y esperanza. Y el público puede sentirse muy cercano.

-Sobre todo en estos años en los que todos perdimos a alguien querido.

-Absolutamente. A todos nos ha tocado de una forma u otra, es una cuestión global. Y la pérdida no es necesariamente una cosa horrible. Para mí, la esperanza es esa brecha entre la pérdida y el amor. Sin esperanza no podemos movernos a través de la perdida y el amor. O del amor a la pérdida. Este recital es sobre eso.

El pianista que la acompañó siempre

Sondra Radvanovsky lloró cuando  volvió a cantar en público. Foto Michael Cooper

Sondra Radvanovsky lloró cuando volvió a cantar en público. Foto Michael Cooper

-Se va a presentar en el Teatro Colón con Anthony Manoli, su pianista acompañante, con el que ha trabajado durante 28 años. Después de tantos años tocando juntos la sinergia debe ser maravillosa. ¿Qué cualidades tiene que tener un buen pianista acompañante?

-Tengo una voz muy amplia -así me han dicho, ¿no?-. Amo el pianista acompañante que realmente toca en el piano. Tony, así lo llamo, toca como una orquesta. Incluso si es una parte vocal o del piano, a veces él dobla el bajo, porque las voces grandes a veces necesitan más apoyo.

Además, otra cosa fundamental: respirar con el cantante. Cuando estamos interpretando quiero que el piano sea otra voz, no sólo acompañamiento. Quiero que cante la línea melódica conmigo y respire conmigo. Y eso es un talento. No sólo para los pianistas acompañantes, los buenos directores respiran con el cantante, y respiran de la misma manera.

-Además de pianista acompañante es su coach vocal, ¿no?

-Sí, siempre digo que Tony conoce mi voz mejor que yo. Sabe cómo trabaja, sabe cuándo algo está mal antes de que yo lo sepa. Sabe cuándo voy a perder una nota. Es un talento. Lo llamo “buenos oídos”, pero la cuestión es que él escucha y ese es un rasgo muy importante para el pianista acompañante.

-¿Y cómo definiría esa relación?

-No es sólo sobre el pianista, ni tampoco todo sobre el cantante. Se trata de una colaboración, una conversación que él y yo tenemos juntos. Es una gran alegría trabajar y hacer música con él. Armamos nuestro propio instrumento juntos. Es sorprendente.

Nuevos desafíos y la música pop

-¿Cómo sobrelleva la negociación entre la evolución de su voz y sus deseos de encarar nuevos repertorios?

-Aprender nueva música cuando estás cantando otra cosa y de gira durante diez u once meses a través de los años, no voy a mentir, es muy difícil (ríe). Les digo a todos los cantantes cuando están empezando: conozcan bien cómo aprenden música. Si te diste cuenta de eso, ganaste.

Cuando mejor aprendo música, es cuando tengo tiempo para hacer sólo eso. No soy de esos cantantes que pueden cantar Un Ballo en Maschera y trabajar en Medea en los días libres. No puedo. Necesito poner ciento cincuenta por ciento en lo que sea que esté haciendo.

Me cuesta dinero porque no salgo a cantar, pero después es muy bueno lo que se almacena en mi cerebro, no estoy distraída, y la obra puede instalarse completamente en mi vida, en cada aspecto: las palabras, la música, el personaje, todo.

-Con el repertorio que tiene a cuestas y en el punto en el que está de su carrera, podría quedarse tranquila.

-Claro, podría. Pero amo los desafíos y desafiarme a mí misma. No estoy lista para darme por vencida todavía. Hay un par de roles, como La fanciulla del West, La Fuerza del destino, me interesan. También incorporar más del repertorio checo, por mis antepasados. Y posiblemente repertorio alemán.

-¿Por ejemplo?

-Tal vez empiece Ariadna en Naxos de Richard Strauss. Canté algo de Strauss en el recital que di en el Carnegie Hall. Pequeños pasitos y después veremos.

Todavía quiero completar todo el repertorio italiano, Fedora (Umberto Giordano) es una de las que me interesa. También La Gioconda (Amillcare Ponchielli), son roles que tengo en las próximas temporadas. Creo que tengo algo que decir en todos esos roles y voy a hacer un giro escénico, porque las grabé, las canté en recitales, pero no las hice en la escena. Y es completamente diferente.

-Pasa bastante tiempo de gira. ¿Con qué músicas arma su playlist de viaje?

Es difícil silenciar toda la música que tengo en mi cabeza, en particular cuando estoy aprendiendo un nuevo rol. Pero mi música para relajarme realmente es, te vas a reír, la música pop de la década del ’80 y ’90.

-Me parece una excelente elección. ¿Quiénes?

¡-Queen! ¡Freddie Mercury fue un dios!

-Hay mucho drama en las canciones de Queen…

-¡Claro! Bohemian Rhapsody, por decir una de las canciones, es como un aria de ópera. Es increíble. Hoy, amo a Pink, porque creo que ella es una gran cantante y una gran artista. Y Lady Gaga también tiene un estilo personal. Amo.

Y Pat Benatar… ¡oh! Intentó ser cantante de ópera. Me encanta. Sabe cómo cantar. Son todas diferentes de otras cosas muy repetitivas. El otro día escuché las nuevas canciones de Beyoncé y dije: “¡¿Realmente? ¡Suena como cualquier otra canción pop nueva!

Sondra Radvanovsky junto a Plácido Domingo, cuanto hicieron juntos Cyrano de Bergerac, en Londres 2006. Foto EFE

Sondra Radvanovsky junto a Plácido Domingo, cuanto hicieron juntos Cyrano de Bergerac, en Londres 2006. Foto EFE

-¿Cuál fue la mejor y la peor critica de su carrera?

-¡Nunca me preguntaron eso! Es una gran pregunta. La mejor critica, ciento por ciento seguro, fue Anthony Tommasini en The New York Times.

Él hizo la crítica cuando canté en las audiciones del Consejo Nacional del MET. Yo tenía 25 años cantando en el MET y el New York Times presente en la audición -en la época en que las críticas significaban algo-, y, entre las largas líneas, Tommasini escribió: “Sólo vi una única cantante de ópera entre un grupo de personas cantando ópera“.

Entrevisté a Tony en Screaming Divas y le agradecí personalmente desde el fondo de mi corazón porque, como le dije a él, eso realmente catapultó mi carrera.

-Ahora el turno de la peor crítica…

-Uf…tengo muchas. (risas).

-La primera que le venga a la cabeza.

– ¡Oh, Sí! Una crítica que decía que yo sonaba como un perro aullando. También tuve otra, decía que parecía una embarazada de seis meses. Y, no, sólo estaba gorda. A los cantantes jóvenes les digo, si vas a leer las buenas críticas, tenés que leer también las malas. Probablemente la verdad esté en el medio.

Información

La soprano Sondra Radvanovsky actuará el martes 5 de julio junto al pianista Anthony Manoli, en el Teatro Colón, a las 20.

La primera parte del programa tendrá Amarilli, mia bella (Giulio Caccini), O del mio dolce ardor (Christoph W. Gluck), Danza, danza, fanciulla gentile (Francesco Durante), Piangero la sorte mia (Georg F. Händel) Per pieta, bell’ idol mio, La ricordanza, Casta diva… (Vincenzo Bellini) Tacea la notte placida…di tale amor (Il Trovatore), Pace, pace, mio dio… (La fuerza del destino, Giuseppe Verdi).

La segunda parte constará de II Sole e amore, E l’uccellino Sola, perduta, abbandonata (Manon Lescaut, de Giacomo Puccini); In Solitaria stanza, Perduta ho la pace, Stornello (de Verdi) Io son l’umile ancella… (Adriana Lecouvreur, de Francesco Cilea) La Mamma Morta… (Andrea Chenier, de Umberto Giordano).

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Reference from clarin www.clarin.com

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