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Saturday, October 1, 2022

Las insólitas coincidencias que unen a Bin Laden, Guillermo Vilas, Dylan, Calamaro y los Beatles

Repetimos: ¿qué tienen que ver el ataque a las Torres Gemelas con nuestro Guillermo Vilas, Bob Dylan y los Beatles?

Alerta spoiler: la respuesta es una fecha, el 11 de septiembre, y el estadio de tenis de Forest Hills, en Queens, Nueva York, sede hasta 1977 del US.Open. Artista invitado: Andrés Calamaro. Como veremos, en esas dos variables, desde 1964 hasta 2001, se van a producir una serie de acontecimientos que vinculan a estos personajes.

Una película capaz de ser diseccionada en diferentes escenas que –casual o causalmente- se terminan relacionando. La trama incluye el porro más “productivo” de la historia del rock y los dos ECD (Encuentro Cercano con Dylan) más preciados por la dylanología argentina…

El Poeta del Rock sigue en la ruta a los 81 años.

El Poeta del Rock sigue en la ruta a los 81 años.

Paréntesis necesario: (Dylanología: la logia más secretamente pública del planeta Rock&Pop. La integran, diseminados por el mundo, dylanitas y dylanólogos, gente rara que pareciera vivir para y por todo lo que tenga que ver con, claro, Bob Dylan. A modo de rápida síntesis puede afirmarse que es gente para quienes todos los caminos de una conversación no conducen a Roma sino a… ya saben quién.

Gente por momentos densa, perseverante con el tema, a tal punto que en los puestos de merchandising de los recitales de Dylan se consigue una remera que dice: Cuidado, no hable de Dylan frente a este hombre! No es chiste.)

Decíamos, que se sepa, hasta aquí, los dos encuentros más preciados de la dylanología criolla, entonces, son los que alguna vez mantuvieron con Bob Dylan primero Guillermo Vilas y después Andrés Calamaro. Ya verán.

28 de agosto de 1964, estadio de Forest Hills

El día que los Beatles, según propia confesión, fumaron por primera vez marihuana convidados por Bob Dylan, venían de presentarse por primera vez en un concierto masivo en Nueva York. Estamos justo en el momento en que la cultura pop está incubando una nueva enfermedad global: la beatlemanía.

Febrero de 1964, los Beatles desembarcan en Estados Unidos a través del Ed Sullivan Show. Foto AP

Febrero de 1964, los Beatles desembarcan en Estados Unidos a través del Ed Sullivan Show. Foto AP

Unos meses antes, en febrero, al presentarse por primera vez en la TV americana en el Ed Sullivan Show, 77 millones de norteamericanos (récord de rating para entonces) vieron con placer cómo esos flequilludos de Liverpool se instalaban en sus casas. Luego de actuar para 15.983 personas –léase teenagers histéricas hasta el desmallo- en ese estadio de tenis, estaban listos para conocer a Dylan.

28 de agosto de 1965, estadio de Forest Hills

Dylan parece decirle adiós al folk, hola rock...






DYLAN SI ARCH.

Dylan parece decirle adiós al folk, hola rock…
DYLAN SI ARCH.

Hay fechas coincidentes, como si se empeñaran en decirnos algo. Exactamente un año después de aquel show de los Beatles, Dylan enfurece a su público en el mismo estadio. Acaba de tomar una decisión trascendente… para su carrera y para el rock todo.

Es el momento en que el cantante folk, “la voz de una generación”, decide cambiar el kit de guitarra acústica más armónica por una guitarra Fender Stratocaster. Acompañado por primera vez por una banda, Dylan se transforma y transforma al rock. Nace un subgénero: el folk-rock.

Durante casi un año recibirá abucheos cada vez que, en la segunda mitad de sus shows –la primera parte es acústica- se electrifique junto a su nueva banda. Lo consideran un traidor. “Judas!”, le gritan.

"Judas!", le gritó parte du su público a Dylan, cuando en 1965/66 cambió la guitarra acústica por la eléctrica. Foto AP

“Judas!”, le gritó parte du su público a Dylan, cuando en 1965/66 cambió la guitarra acústica por la eléctrica. Foto AP

11 de septiembre de 1977, estadio de Forest Hills: Guillermo Vilas gana el US.Open al vencer a Jimmy Connors

Ese día (¡qué fecha!), al vencer a Jimmy Connors, N°1 del mundo, por 2-6, 6-3, 7-6 y 6-0, Guillermo Vilas debió ser considerado el mejor tenista mundo.

​Pese a lograr en la misma temporada la final de Australia, y los triunfos en Roland Garros y Forest Hills, el argentino fue considerado injustamente N°2 del mundo en el ranking de la ATP. Muchos años después, el periodista Eduardo Puppo, tras una investigación de más de 10 años, logró demostrar que Vilas no sólo mereció ser considerado el mejor del mundo en el 77; también debió ocupar la cima en 1975 (finalizó N°2). Alguna vez, en el Vilas Racquet, evocando esos días, Vilas contó su “bizarro” encuentro con Dylan.

11 de septiembre de 1977, Guillermo Vilas acaba de superar a Jimmy Connors en la final del US. Open. Foto Archivo Clarín

11 de septiembre de 1977, Guillermo Vilas acaba de superar a Jimmy Connors en la final del US. Open. Foto Archivo Clarín

11 de septiembre de 2001, World Trade Center, Nueva York

Otra vez, a través de la historia, algunas fechas se empeñan en relacionarse –causal o casualmente- de la forma más extraña.

El mismo día en que Bin Laden perpetrara contra Estados Unidos el ataque más feroz en su territorio desde Pearl Harbor, esa misma fecha ya estaba agendad en el calendario de la dylanología.

Mucho antes de ese día trágico, alguien de marketing en Sony había decidido que Love and Theft, el nuevo disco de Bob Dylan, saliera a la venta el 11 de septiembre de 2001.

Dos días después de los atentados, Dylan tenía programado una entrevista con Mikael Gilmore, de Rolling Stone, para hablar del flamante lanzamiento.

Imposible no poner el foco en lo sucedido, sobre todo teniendo en cuenta que en uno de los temas, Mississippi –grabado en mayo en Nueva York- Dylan canta con su “nueva” voz cavernosa un verso sobrecogedoramente apocalíptico: “Sky full of fire, pain pourin’’ down” (El cielo en llamas, el dolor que se derrama…).

Bin Laden, el máximo responsable de los ataques a las Torres Gemelas, el 11S de 2001.

Bin Laden, el máximo responsable de los ataques a las Torres Gemelas, el 11S de 2001.

-¿Qué podés comentar sobre el atentado? -le preguntó Gilmore.

Me viene a la cabeza uno de los poemas de Rudyard Kipling, Gentlemen-Rankers –respondió Dylan, futuro Premio Nobel de Literatura, la voz cavernosa otra vez, pero en vivo y en directo-:

“Abandonamos la esperanza y el honor, estamos perdidos para el amor y la verdad/ Caemos escalón tras escalón/ Y la medida de nuestro tormento es la de nuestra juventud/ Ayúdanos, Señor, porque conocimos lo peor demasiado jóvenes”. En todo caso, en estos tiempos, mis pensamientos son para los jóvenes. Es la única manera de expresarlo.

1999, España, Andrés Calamaro conoce a Bob Dylan

“Todo muy extraño y bizarro”, insistía Vilas sobre su encuentro con Dylan. Y pareció relajarse cuando le contamos que a Calamaro le había pasado algo similar en su ECD.

Andrés Calamaro se dio el gusto de telonear a su ídolo, Dylan, en la gira española de 1999.

Andrés Calamaro se dio el gusto de telonear a su ídolo, Dylan, en la gira española de 1999.

Pasó durante la extensa gira española de Dylan de 1999. AC hizo realidad un sueño: fue telonero de Bob en 9 de los 11 shows desperdigados por la península entre el 9 y el 22 de abril. No contento con abrir para su ídolo, desde el primer día Andrés –casi siempre en compañía de su amigo y periodista, Bebe Contepomi- trató de tomar contacto con Dylan. La misión no era fácil, y se fue dando paso a paso.

A modo de tributo Andrés había incluido en su set unplugged dos temas dylanescos: Seven Days y –tributo al cuadrado- I Can’t Help Falling In Love With You, un estándar de Elvis alguna ver versionado por Dylan. En San Sebastián hubo un primer acercamiento, apenas un gesto al pasar al cruzarse en zona de camarines.

Unos días después, en Valencia, hubo otro approach aunque sin suerte. Dos días después, en Málaga, creció la esperanza. A falta de contacto personal, luego de cantar Blowin’ In The Wind, Dylan se acercó al micrófono y le dijo al público: “Thank you! How about a band for mi amigo Andrés Calamaro, el rey del ritmo!” (así, en inglés y castellano).

El gran premio llegaría en la escala siguiente, Granada, el 18 de abril. Andrés finalmente pudo cruzar unas palabras con Dylan. AC le explicó por qué había elegido esos temas y le obsequió Honestidad Brutal.

De pronto, como preparando la huída, Dylan le pidió que se sacara los anteojos y antes de perderse en su motor-home, lo miró y le dijo:

-Not blue -en clave musical, “No son tristes”.

1981, Londres, Guillermo Vilas conoce a Dylan

“Eso tiene que haber sido en Wimbledon’81, porque me acuerdo que yo perdí un partido increíble en primera rueda con el australiano (Mark) Enmondson en el quinto -está evocando Guillermo.

Guillermo Vilas y aquel festejo tras el triunfo sobre Noah, por la Copa Davis de 1982. Foto Archivo Clarín

Guillermo Vilas y aquel festejo tras el triunfo sobre Noah, por la Copa Davis de 1982. Foto Archivo Clarín

“Dylan estaba dando unos conciertos en Earls Court, una sala de recitales muy famosa de Londres; como yo conocía a su manager, después del show me invitaron a pasar al camarín. Recuerdo dos cosas: mucho porro y mucha gente. Alguien me presentó y Dylan me dio una mano blandengue –me acuerdo patente-. Me sorprendió su pregunta y estar escuchando en persona esa voz inconfundible:

Guochudú? (What do you do?/ ¿A qué te dedicás?), contó Vilas imitando la voz nasal de Dylan.

-Tennis player -le digo-, y ahí me dice algo muy raro.

-Tennis… –masculla como pensativo, y remató-: Chu men, guan net (Two man, one net). “Dos hombres y una red”, me dice y se pone a hablar con alguien más como para irse.

Yo estaba pensando qué catzo me quiso decir cuando de pronto me encaró otra vez y me susurra algo más bizarro todavía: “Tangled Up In Grass”, me dice y se va. Esa noche, cenando con amigos que eran fans de Dylan, me explicaron lo de la canción.

Vilas supo que Tangled Up In Blue (Enredado en tristeza), el tema que abre Blood On The Tracks, su mejor disco de los ’70, es uno de esos clásicos que Dylan viene tocando en vivo desde 1975.

Grass significa césped. En jerga tenística, Wimbledon se juega “on grass”. En jerga rockera, grass es marihuana (como joint, weed o pot, todos sinónimos).

28 de agosto de 1964, hotel Delmónico, Manhattan, Nueva York

The Beatles Dig Dylan! (¡A los Beatles le gusta Dylan!), titulaba Melody Maker a comienzos de 1964, acaso la primera muestra pública de su admiración por el de Minnesota.

Paul, George, Ringo y John, se divierten con la repercusión mediática de su paso por Estados Unidos. Foto Sygma

Paul, George, Ringo y John, se divierten con la repercusión mediática de su paso por Estados Unidos. Foto Sygma

Por su parte, en aquellos días, Dylan también los piropeaba: “Los Beatles hacían cosas que nadie hacía”, diría por esa época. “Sus acordes eran fantásticos. Eso sólo se podía hacer con otros músicos; ellos me llevaron a pensar en una banda…

Todos los demás pensaban que eran para quinceañeras, que pasarían enseguida. Pero para mí era evidente que iban a aguantar. En mi mente, los Beatles lo habían conseguido. Me pareció que habían trazado una línea divisoria”.

El “celestino” fue el periodista del Saturday Evening Post, Al Aronowitz, que se había hecho amigo tanto de Lennon como de Dylan. La cumbre se realizó en el Hotel Delmónico, en Park Avenue, la parte más sofisticada de Manhattan. Hasta allí llegó Dylan junto a Aronowitz y Victor Maymudes, su road mánager del músico.

Allí estaban, John, Paul, George y Ringo y Brian Epstein, tratando de ser buenos anfitriones. Para tomar, Epstein ofreció champagne, Dylan prefirió vino barato, su bebida favorita. No pasó mucho para que Bob ofreciera fumar marihuana, ingesta habitual entre sus consumos. Para su sorpresa, los Beatles le dijeron que preferían “las pastillas” (anfetaminas). Nunca habían fumado un porro, explicaron.

Por esos días, I Want To Hold Your Hand, de Lennon y McCartney, lideraba los rankings y para Bob no cabían dudas sobre su letra. ¿Acaso no cantaban I get hide” (Me coloco)? No, lo corrigieron los Fab Four, lo que decían era I can’t hide (No puedo ocultarlo).

Maymudes preparó varios porros, Dylan se lo pasó a Lennon, quien prefirió que empezara Ringo: “My Royal Tester!” (“Mi catador Real”), bromeó John.

La anécdota es conocida: inexperto, Ringo omitió la regla habitual de “compartirlo”, se fumó el porro solito como si fuera un Marlboro, y unos minutos después el baterista no podía parar de reírse.

Bob Dylan, modelo 1964. Foto AP

Bob Dylan, modelo 1964. Foto AP

“Hasta entonces, nosotros no pasábamos del whisky con Coca. De alguna manera todo cambió ese día”, contó tiempo después Paul McCartney.

CJL

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Reference from clarin www.clarin.com

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