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Thursday, July 7, 2022

Julian Lennon recuperó viejas cintas, armó su primer álbum en 11 años y se cambió el primer nombre

El peso de la identidad se manifiesta de distintas maneras y esto lo sabe muy bien Julian Charles John Lennon, que hasta hace poco tenía el nombre “John” al frente, hasta que se lo cambió. Siendo el hijo de John Lennon, nacido en 1963 en plena explosión de la Beatlemania, el tipo es un libro abierto al respecto.

La historia pesa sobre sus espaldas y más allá de confesar que sigue sufriendo ansiedades, se lo ve muy plantado: sonriente, aparentando menos de sus 59 años, totalmente amable. Este no es un detalle menor ya que en estos niveles de profesionalización musical la amabilidad suele aparecer en formato de risa nerviosa. Pues no es el caso de Julian quien se muestra como un tipo transparente, sin rollos, abierto a charlar de lo que haga falta.

Ante semejante entrega en su aparición en la pantalla de una PC, el horizonte de la entrevista se ve difuso “¿Alcanzarán los 20 minutos pactados para preguntarle por todo?”. Es que por todo se entiende la cantidad de facetas interesantes que Julian desarrolló en su existencia: la fotografía, la escritura, sus documentales, su incansable carácter filántropo.

Julian Lennon. Foto de prensa.

Julian Lennon. Foto de prensa.

Quizá mejor es no ponerse metas y simplemente convertir la sesión de Zoom en una charla de bar (con límites de tiempo, eso sí) y que simplemente fluya, porque esa energía que Julian emana suele ser un bien en escasez.

Sería obvio remarcar la tonelada de links que lo unen a la historia de los Beatles, aunque hay uno que reverbera con potencia en esta época. Cuando su padre John y su madre Cynthia se separaron tumultuosamente en 1968, Paul McCartney intentó calmar el sufrimiento del niño dedicándole una sentida balada que se convertiría en un standard de nivel universal: Hey Jude.

El nuevo álbum

La tapa del nuevo disco de Julian Lennon, "Jude".

La tapa del nuevo disco de Julian Lennon, “Jude”.

Precisamente Jude es el nombre del disco que Julian está promocionando en la actualidad, el cual desde su nombre sugiere algún tipo de autoconocimiento.

El mencionado álbum es el primero en once años y será lanzado en septiembre, pero mientras tanto el hombre se entretiene lanzando singles de a pares. En un primer ofrecimiento llegaron Every Little Moment y Freedom, luego arribaron Save Me y Breathe. Las cuatro canciones lo muestran como un artista sólido y vigente, con muchas cosas que decir.

-“Every Little Moment” me recuerda a esa idea de funky pesado de “OK for You”, de tu exitoso debut del ’84. A margen de que no lanzaste muchos discos en tu carrera, ¿cuál sería el elemento que atraviesa a toda la música que escribiste?

-Creo que se trata de, al menos en el 90% del trabajo que hice, que las cosas sean orgánicas en toda forma, por completo. Para mí, cada elemento de la canción debe decir lo mismo. Así que si yo escucho una pieza musical, puedo separar tres elementos que podrían ser música, melodía y letra. Si pongo la música por separado, eso ya me debe generar una emoción. Tiene que contarme algún tipo de historia: la felicidad, la tristeza, la curiosidad, la mística.

Lo mismo con la melodía, porque se entrelaza con la música. E igual con las letras, las cuales independientemente deben contarte una historia en particular.

Cuando esas tres cosas van de la mano, ahí es cuando me da piel de gallina. Eso es lo real para mí. No me interesa ir más lejos. Si el resto de la gente no lo entiende, bueno, mmm, puedo intentar explicarlo, pero la gente tiene que tomar lo que quiere de una obra de arte.

Las letras pintan un escenario, una situación y su relación con las emociones. Eso impacta en el público y su forma de relacionarse con el mundo.

-¿Eso te sucede como oyente o como compositor?

-Como oyente. Como audiencia en general esas son las cosas que me resultan importantes. Si no siento eso, pues es que realmente no siento la música.

-En otras canciones como “Breathe” o “Freedom” se perciben algunas vibras de trip-hop y en “Save Me” se llega a un tipo de dramatismo como el que suele ofrecer Radiohead.

-Me pone feliz que digas eso porque soy un gran fan de Radiohead. Son de lo mejor, es un halago para mí (NdeR: grabó una versión de Karma Police junto a Nuno Bettencourt).

Las cintas perdidas

-Bien. Quisiera saber cuales fueron las influencias principales en el proceso de escritura de “Jude”.

-No hubo ninguna en particular. Fue más el punto de descubrir quien soy como artista hoy en día. Y te digo por qué -intentaré condensar esta información aunque a menudo me es complicado-.

En resumen: recuperé una caja de cintas mías, que las tenía guardadas en un sótano, aunque yo ni sabía que allí estaban. Eso fue hace unos cinco años.

Allí estaban los originales de los demos de mi primer disco, de Too Late for Goodbyes de Valotte, etc. Luego apareció todo el material de todo lo que hice en los últimos 30 o, qué digo, 40 años. Cajas, cajas y más cajas. Muchas versiones y formatos. Una locura.

Cuando vivía en Los Ángeles y tenía mi propio estudio, hice una serie de temas que adoro y nunca terminé. Estaban muy buenos para aquel momento al menos, en los 90s. Eran canciones que me gustaban mucho, pero por alguna razón no encajaban en los discos

Encontré todo esto y creas o no, Every Little Moment fue la primera en aparecer. Cuando encontré el material me sentí muy feliz porque todo eso pudo haber sido destruido.

Nunca había escuchado del proceso que hicimos, que fue digitalizar todo, restaurarlo y llevarlo a desarrollar en una consola multipistas. Así que pudimos realmente desarmar esas canciones y rehacer unas pocas partes.

Julian Lennon en 2012. Foto: AFP

Julian Lennon en 2012. Foto: AFP

-¿Cambiaron algo en esa canción en particular?

-¡Lo único que hicimos en Every Little Moment fue agregar una batería real! Lo único, ya que antes teníamos una de teclado. Luego decidí volver a cantar los coros, pero los versos son de hace 30 años.

Hay otra canción que se llama Not One Night, que ya oirás eventualmente, en la que canté desde un bungalow cuando vivía en la montaña; no cambié eso.

A veces, aún en un demo, la pegás justo con la toma perfecta. Porque no estás pensando en una performance ni tenés la presión de tener que hacerlo perfecto, entonces simplemente fluye.

Mucho de este disco es así: primeras o segundas tomas. Trabajé con mi amigo Justin Clayton, a quien conozco desde los once años e hicimos los primeros discos juntos, al margen de que aparezca mi nombre allí. Él toca guitarra y bajo, viajamos por el mundo haciendo giras increíbles.

Bueno, él y yo trabajamos juntos en esto porque es la única persona en el mundo que conoce a la perfección el trabajo que hicimos. Es uno de esos tipos (aún lo es) que se acuerda de todo, de cada guitarra que usamos y con qué efectos. ¡Yo no tengo idea de nada!

El trabajo antes y durante la pandemia

-¿Esto lo trabajaron en la pandemia?

-Comenzamos antes y cuando llegó la pandemia, Justin se volvió a Inglaterra, donde vive. Así que tuvimos que lidiar con la situación de estar en el medio de un disco y “¿qué haremos ahora?”. Nos pusimos al día con algunas apps y dispositivos para comunicarnos en tiempo real para producir y grabar. Pero no fue lo esperado; fue menos intenso a nivel emocional.

Cuando él se fue, para mí fue como “me tengo que acordar cómo se hacía esto de producir”. O al menos mi versión de producir, que es muy amateur comparada con la forma de trabajar de los productores que hicieron mis discos.

La primera canción que abordé fue Freedom. La hice en casa yo solito y me encantó; la amé. No podía creer que sonara así; realmente expresaba lo que yo quería. Sin querer sonar muy presumido, ¡era genial! Me llevaba a mí mismo de viaje.

Te decía que mucho del material es de hace 30-35 años atrás. Hace dos años comenzamos a intentar mezclarlo y juntar las partes; todo el proceso duró unos cuatro o cinco años.

Con algunas canciones terminó sucediendo que quedaron como una combinación de versiones, porque había partes que eran geniales en una determinada versión, pero el resto de la canción era genial en otra versión que estaba en otra cinta y que tenía otro sonido de batería y bajo. Y hasta tenían diferente tempo.

Literalmente pasamos años fundiendo estas cosas en algo que tuviera sentido. Fue muy intenso y loco de hacer. Muchos nos decían “¿por qué no re graban partes?”. No, no. Porque hay magia en esos momentos y no pienso perderla.

Creo que aún me quedan entre 50 y 100 cintas para escuchar, y las estuve estudiando antes de terminar este proyecto. Posiblemente me meta en ese ejercicio de nuevo el año que viene, a ver si vuelvo a encontrar ese tipo de magia.

Julian Lennon. Foto de archivo.

Julian Lennon. Foto de archivo.

-Jugaron a un gran Tetris musical, de algún modo.

-¡Exacto! Lo describiste de la forma más perfecta posible. Es exactamente lo que tuvimos que lograr con ese material. Fue muy loco.

Entre el presente y la retrospectiva

-Entonces, ¿creés que “Jude” es más una foto de lo que sos hoy o una retrospectiva de tu vida?

-Un poco de cada cosa. Con la pandemia estuve mucho tiempo solo, así que la única manera de tener una conversación era conmigo mismo (risas). Fui hacia mis adentros y re descubrí todo ese viejo material. Y me di cuenta que bizarramente, este disco trata del aquí y ahora, de ser Jude y entender mi vida de una manera que nunca lo hice antes.

El punto es que con canciones como Every Little Moment y algunas otras fui a mi interior y mi exterior. De eso se tratan. Se trata de las guerras que luchamos con el exterior, pero también de las propias. Y encontrar sentido a canciones que escribí y grabé hace más de 30 años es muy relevante e interesante para mí. En muchos sentidos nada cambió, pero en otros términos, todo cambió.

Creo que es como crecemos, aprendemos y lidiamos con nosotros en el proceso de convertirnos en adultos. Bueno probablemente no sea adulto (risas), siempre prefiero ser un niño listo que un tonto viejo.

También se trata de hacerle frente al miedo, a la aceptación, y muchas otras cosas. Aún lidio con mucha ansiedad. Puedo despertarme por la mañana sin ninguna razón en particular y preguntarme “¿qué pasará hoy?”.

Julian Lennon. Foto de archivo.

Julian Lennon. Foto de archivo.

-Es algo que nos pasa a muchos y más luego de los últimos años.

-Es que el mundo de hoy mete mucho miedo y nos muestra desde muchos lugares que las cosas pueden dar un inesperado giro a la izquierda de una forma muy brava.

Eso es lo que te hace querer vivir el momento, estar saludable y feliz. Estar con la gente que amás.

Ese es uno de los puntos más fuertes de lo que quise aprender de la terapia de escribir estas canciones. A veces encontrás respuestas y otras terminás pidiendo ayuda. Se trata de conocerte más para ser un mejor ser humano. Ese es mi punto.

El debut y el peso del nombre

-Volviendo en el tiempo, cuando enviaste tu primer demo a una discográfica, no pusiste tu nombre para que se valore la música por sí misma no por tu apellido.

Sí. El manager que tenía era mi amigo en aquel momento; no era un verdadero manager. Quería que salgamos juntos al mundo y fue él quien envió las cintas así y no me dijo nada. Una vez que suscitaron el interés de algunos ejecutivos, ahí fue cuando reveló que la música era mía.

-¿Y qué cambió en tu relación con tu apellido a través de tu vida?

-Te cuento como es. El tema del apellido siempre fue relativamente complicado, pero fue mucho más difícil por el hecho de ser llamado John de primer nombre. Mi nombre completo es John Charles Julian Lennon. Perdón, era. Era.

Me solía volver loco en los aeropuertos, en los puestos de seguridad. La gente no me reconocía necesariamente y era como “John Lennon, jajaja, qué divertido”.

Me cansé de ir a este tipo de lugares y que siempre fuera la misma mier… basura, ¿sabés? Realmente quería ser yo. Así que en 2020 me cambié el nombre. Intercambié el John por el Julian. O sea, aún soy respetuoso de mis padres que me dieron mi nombre.

Por eso es que desde 2020 Jude es muy relevante para mí, porque me convertí en Julian o Jude en el mundo real. Ahora soy Julian Charles John Lennon.

Llego a cualquier lado y el primer nombre que ven es Julian. Y no te podés imaginar la diferencia que eso genera respecto al factor miedo, al factor ansiedad comparado con ser siempre presentado como John.

En fin, no soy un fanático de lo que pasó con nuestra familia, pero sigue habiendo perdón y respeto, y yo necesitaba encontrarme en medio de todo eso.

En realidad, en parte por la música, en parte por todo el resto del trabajo que hago, ya sean libros para chicos, documentales o mi trabajo con la White Feather Foundation y muchas otras que son plataformas, fundaciones que logré por ser Julian, no John o el hijo de John.

Es muy importante para mí a tal punto que estoy muy tranquilo; no podés decirme nada que me ofenda o enoje en este sentido. Acá estoy. Me encontré a mí mismo y seré amable siempre, da igual lo pienses de mí (risas)

MFB

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Reference from clarin www.clarin.com

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