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el optimismo “programático”, el “canalla” Bolsonaro y vivir fuera de las redes

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el optimismo

Después de nueve años, Caetano Veloso lanzó Meu Coco, un trabajo discográfico que nos recuerda su extraordinaria exquisitez como compositor y ese soberbio ingenio melódico que mantiene en el tiempo. Su música describe un delicado puente que reúne los mundos íntimos con el cambio social.

En las respuestas del artista encontramos quizás la génesis de esa modernidad sempiterna que tiene su música, las tensiones naturales entre compromiso y evasión de sus composiciones, su distancia de ese mundo de las redes sociales en el que no cree y por cierto, su posición política frente al presidente de Brasil, Joao Bolsonaro.

Veloso no duda en definirlo como una figura antidemocrática y señala con la fuerza de un compromiso: “Mi optimismo respecto de Brasil es programático ya que el pesimismo nos exime de responsabilidades”.

A los 79 años, con una carrera de casi 55 años y 55 discos, Caetano Veloso es uno de los grandes artistas contemporáneos; uno de los creadores en los años sesenta del Tropicalismo, vibrante movimiento musical de protesta con el que tanto él como Gilberto Gil, Maria Bethania y Gal Costa, entre otros, enfrentaron la brutalidad de la dictadura militar brasileña.

Caetano Sumó Un Nuevo Latin Grammy En La Edición 22 De Los Premios, Compartido Con Su Hijo Tom., Por El Tema &Quot;Tal Vez&Quot;.

Caetano sumó un nuevo Latin Grammy en la edición 22 de los premios, compartido con su hijo Tom., por el tema “Tal vez”.

El artista, que ganó 14 premios Grammy Latino -el más reciente fue a Mejor Grabación del Año, este jueves 18 de noviembre, por la canción Tal vez, junto a su hijo Tom- y dos Grammy en la categoría Mejor Album de World Music, grabó Meu coco, un disco en el que la polirritmia y la aventura son parte fundamentales, durante los tiempos de cuarentena, en el estudio de su casa.

La modernidad siempre estuvo cerca

-La modernidad es un elemento que siempre ha incluido en su música sin que perdiese por eso su esencia ¿Cómo se propuso trabajar Meu Coco, ya que hay una importante variedad e intensidad de músicas y como bien señala, “cada tema tiene su propia e intensa vida”?

-De niño, en una pequeña ciudad del estado de Bahia, me interesaban cosas que eran llamadas modernas. Un cuento de William Saroyan, una sandalia abierta en un pie masculino, una mujer fumando un cigarrillo, una película sin historia convencional. Adolescente ya, leí a Clarice Lispector y me enamoré.

Yo pintaba cuadros que representaban calles, árboles e iglesias y pasé a pintar abstracciones. Tocaba piano mal y cantaba todo lo que podía escuchar en la radio, pero cuando surgió la Bossa Nova entendí todo lo que me interesaba de ese término: “moderno”. Tenía 17 años.

Ahora, por ejemplo, invité para escribir un arreglo orquestal a un joven cantautor carioca, Thiago Amud, porque amo lo que él hace en sus propios discos, a través de las melodías, palabras y arreglos. Cada canción del disco tiene una historia semejante y son totalmente diversas.

Cada canción, un mundo distinto

Meu coco nos muestra lo que pasa por su cabeza, fantasías, nombres, homenajes a antiguos amores… ¿Cómo fue surgiendo la elección de esos personajes o situaciones; qué valores tomó para traerlos a la canción?

-Empecé con nombres de mujeres, nombres que pasaron en algún momento a ser elegidos por millares de padres para sus hijas. De ahí, fui llegando a nombres de personas famosas en el mundo de la música y que definen la esencia de Brasil, como Nara, Bethânia, Elis.

Las canciones de amor, sin embargo, fueron hechas para personas cuyos nombres no son dichos. Otros nombres son representativos de hijos de personas de mi generación, medio hippie, medio contracultural, como Moreno, Zabelé, Manhã o Amora. Después hice una canción solo sobre el compuesto Enzo Gabriel, el nombre más veces elegido para niños nacidos en 2018.

Y en el samba sobre samba (Sem samba não dá) vienen nombres de cantantes muy populares en la actualidad, que van del funk al sertanejo, del pagode a la bachata tocada a la brasileña. En el fado hablo sobre el uso de “você” o “tu”, que separa Brasil de Portugal y también tomo los nombres de viejos compositores de nuestra música como Ary (Barroso), Noel (Rosa) y Chico (Buarque).

Al final, con tantos nombres, las canciones no son semejantes. Cada una crea un mundo distinto.

Una dialéctica que no desea su síntesis

-Una posible lectura sobre Meu Coco es que tiene un claro aspecto comprometido con la actualidad, los políticos y el peligroso peso de las redes sociales y por el otro, también hay una necesaria evasión que, como usted también señaló, puede ser la única salvación. ¿Comparte esta mirada sobre ese equilibrio entre compromiso y evasión del disco?

-No me gusta mucho la palabra evasión. Pero sé que las canciones proliferan porque sirven a algo que puede ser llamado de esa manera. De niño amo las canciones, y ellas pueden ser banales y profundas a la vez. No creo que haya encontrado (o siquiera buscado) un equilibrio entre esas dimensiones.

Quizá haya una tensión entre esos dos dominios que se entrechocan, como en el comienzo de una dialéctica que no encontró su síntesis. Ni parece desearla.

-En el momento de componer Anjos Tronchos sentía que el tema de la tecnología lo sobrepasaba. ¿Cuál fue la respuesta que tuvo de este tema? ¿Investigó el comportamiento de las redes sociales? ¿Cuál es su actitud respecto de ellas en la actualidad?

-De verdad, no miro redes sociales. No me siento en ese mundo. No estudié el asunto y me sorprendió que me saliera una letra incluso larga y llena de reflexiones sobre el tema. Ni siquiera utilizo un smartphone.

Tengo un laptop y solo intercambio e-mails. Miro YouTube para ver cosas de música. Y a veces miro Wikipedia. Soy un viejo que poco sabe de esas cosas de redes sociales y que casi no cree en la realidad de ese mundo.

-¿Cómo surgió la idea de incluir Noches de cristal (tema del disco Maria, de Maria Bethania, en 1988) en Meu coco?

-Bethânia me pidió que la grabara. La canción nunca fue muy conocida. Yo no me acordaba y no encontré la grabación que ella había hecho en los ochenta. Bajo su título venía otra cosa en YouTube o no sé qué.

Caetano Veloso Asegura Que No Cree Que Se Imponga Una &Quot;Inquisición Digital&Quot; Sobre La Producción Artística. Foto Gentileza Prensa/Fernando Young

Caetano Veloso asegura que no cree que se imponga una “inquisición digital” sobre la producción artística. Foto Gentileza Prensa/Fernando Young

Así que Bethânia me mandó en PDF, y ahí me di cuenta de que era muy bonita y la grabé. Como Carlinhos Brown, que la grabó con Bethânia con la Banda do Olodum, repetí ese camino y cerré el disco llamándolo a él, a Brown.

Optimsmo programático y autocracia

-¿Cuál es su posición frente a la denominada “cultura de la cancelación” y la mirada inquisidora y moralizante ejercida desde una corrección política pretendidamente progresista sobre la producción artística actual y pasada? ¿Cree que eso pone en riesgo la libertad creativa que requiere un artista para expresarse?

-Como no miro las redes sociales, no sé con precisión casi nada sobre lo que se mueve en internet. Cuando oigo a la gente hablar de “cancelación” me siento mal. De todos modos, no creo que se imponga una “inquisición” digital que decida sobre la producción artística. Todo es más complejo. Complejo como para dejar a los “canceladores” siempre un poco perdidos.

-En una entrevista, tiempo atrás, señalaba que sus expectativas optimistas sobre Brasil eran más una responsabilidad que una esperanza. ¿Sigue sintiendo que el optimismo debe sostenerse como una responsabilidad o es tiempo de ser descarnado, sin sutilezas, sobre el futuro?

-Hay razones en demasía para que seamos pesimistas. He cultivado un optimismo programático porque muchas veces el pesimismo nos exime de responsabilidades. Esto es especialmente claro en Brasil, donde la idea de que somos un error desde nuestro origen sirve para que la gente no tenga en cuenta lo que hacemos, lo que pudimos hacer, lo que debemos planear.

Realmente, me parece que el enorme cambio por el cual pasa el mundo no se dará sin fuertes turbulencias. Pero no creo que los Tradicionalistas (como están caracterizados en el libro de Teitelbaum) lograrán su intento de llevar la historia de vuelta a un pasado cuyos principios morales son conocidos.

-¿Siente que Brasil puede estar acercándose o quizás ya lo está de alguna manera, a esa época en la que usted fue acusado de terrorismo cultural?

En Brasil subió al poder un canalla que celebra los peores momentos de la dictadura militar. El hombre que ahora mismo es presidente del país ha dicho que el mayor torturador de aquellos tiempos es un gran héroe. Pero todavía vivimos bajo leyes democráticas.

El secretario de Cultura (ya no tenemos un ministerio cultural) dice cosas que demuestran desprecio a los creadores. Aunque es una lucha con los antidemocráticos, no es un estado autoritario total.

La creatividad como antídoto

-¿Cómo siente la actualidad musical en Brasil frente a estas fuerzas que promueven la ignorancia y el mal gusto?

-Desde 1966, con las ideas que crearon el tropicalismo, no respeto mucho el criterio de los que quieren sofisticarse (y que son tantas veces sub-sofisticados) y utilizan criterios para apreciar lo que es de buen o mal gusto.

Así, hay figuras fuertes entre las celebradas en Sem samba não dá que pueden ser consideradas ejemplos de mal gusto pero que a mí me parecen creativas e instigadoras, a veces por su calidad de factura, a veces por su simple vitalidad.

La canción ha sido siempre muy fuerte en Brasil. Hay muchos talentosos artistas que apoyan o apoyaron el grupo que está en el poder, por diversas y complejas razones. Pero la creatividad es fatalmente antagónica de las autocracias.

-Respecto de la pregunta anterior, ¿siente que su música sigue presentando batalla?

-Sí.

Cómo es Meu Coco, tema por tema

Compuesto durante la cuarentena de 2020 en la que Caetano Veloso quedó atrapado en Río de Janeiro, Meu Coco muestra un viaje a la cabeza de este maravilloso compositor y cantante. Doce temas que ilustran claramente el momento de este artista gigante.

“A menudo siento que he hecho demasiadas canciones ¿Falta de rigor? ¿Descuido crítico? Debe serlo. A los que les gustan las canciones, les gusta la cantidad”, señala Caetano casi a modo de disculpa.

Meu Coco, nave nodriza del disco, cuenta con los arreglos orquestales del compositor y pianista carioca Thiago Amud y una letra que hace un recorrido algo aleatorio de nombres; Anjos tronchos es una canción reflexiva que trata sobre la ola tecnológica; y Sem samba nao da es un samba cruzado con música sertaneja con el acordeón de Mestrinho.

Caetano Veloso Saca A Relucir Lo Que Hay En Su Cabeza, Antes De Llegar A Los 80; Y Hay Mucho Y Bueno. Foto Gentileza Prensa

Caetano Veloso saca a relucir lo que hay en su cabeza, antes de llegar a los 80; y hay mucho y bueno. Foto Gentileza Prensa

Voce-Voce es cantada en dúo con la fadista portuguesa Carminho y la sabia mandolina de Hamilton de Holanda; Nao vou deixar está basada sobre una célula de rap mientras que la letra es un rechazo a la opresión política en tono de conversación amorosa; en tanto, Pardo, trata el uso de las palabras dentro de la cuestión racial.

Cobre es una canción de amor romántico que habla del color de la piel que compite con el reflejo del sol en el mar de Porto da Barra al final de la tarde, con arreglos de Jaques Morelenbaum que también se ocupó de Ciclamen do Libano, con ese fraseo de Medio Oriente salpicado de Webern.

Gilgal se hizo realidad con el ritmo de candomblé de su hijo Moreno y la voz de la talentosa Dora Morelenbaum; mientras que Enzo Gabriel responde a la sorpresa de haber sido el nombre más elegido para bautizar a los recién nacidos en 2018 en Brasil. Noite de Cristal, grabada por Maria Bethania, en 1988, ahora fue grabada en este álbum a pedido de ella.

Finalmente, Autocalanto merece un párrafo aparte. Una pieza tranquila inspirada en las vocalizaciones de su nieto, ahora de un año y medio, que cantaba solo en su cuna para dormirse. Es decir, una especie de auto-canción de cuna en la que Caetano imita las vocales casi adormecidas de su nieto acompañado por la guitarra de su hijo Tom, padre de ese nieto.

Veloso lo contó así: “Fue asombroso. Cantaba hasta quedarse dormido, pero más aún lo fue enterarme por mi nuera de que el bebé de una amiga hace lo mismo y cuando Carminho me contó que lo mismo hace su hijo, pensé: éste es un fenómeno generacional”.

E.S.

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