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Edith Piaf, su deslumbramiento con Atahualpa Yupanqui y la conexión con la Argentina

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Edith Piaf, su deslumbramiento con Atahualpa Yupanqui y la conexión con la Argentina

“Amigo, te quiero mucho”, saludaba Edith Piaf, con naturalidad y en un español chapucero cada vez que pisaba tierra americana. No period un chamuyo sino un aprendizaje adquirido gracias a su encuentro con Atahualpa Yupanqui en 1950 y, sobre todo, al diccionario francés-español que la acompañó desde 1955, cuando llegó a México por primera vez.

Cuatro palabras encerradas en una frase easy, pero que guardaban tanto significado para Edith Piaf, esa mujer menudita que vivió una vida atravesada por el abandono y los dolores profundos. “Amigo” y “querer mucho”, más que palabras dentro de un saludo bien podrían haber sido un pedido desesperado.

Cuando su voz no cantaba las penas, ellas se ahogaban con adicciones. Las tragedias se volvían insostenibles sin la morfina o el alcohol o un amor, aunque más no fuera pasajero y circunstancial.

A Pesar De Su Muerte En 1963, Edith Piaf Es Aún La Cantante Símbolo De Francia.

A pesar de su muerte en 1963, Edith Piaf es aún la cantante símbolo de Francia.

Un poco de historia

Parece imposible abordar a la Piaf sin mencionar en su biografía el submundo que la envolvió desde que nació en una calle de París, debajo de una farola y frente al número 72 de la calle Beleville. Hay una placa conmemorativa colocada allí, aunque existen versiones que hablan de su nacimiento en el Hospital Tenon, de ese mismo barrio.

Edith Giovanna Gassion nació a las tres de la madrugada del 19 de diciembre de 1915, y la historia cuenta que sus padres le pusieron el nombre Edith, en honor a la enfermera británica Edith Cavell, condenada a muerte por un tribunal militar alemán, acusada de alta traición por haber ayudado en Bruselas a soldados belgas, ingleses y franceses durante la Primera Guerra Mundial.

Piaf, como todos sabemos, es el apodo que recibió 20 años después, y que en la jerga francesa significa gorrión. Sin dudas representa la extraordinaria belleza de su voz. “Môme” (pequeña) fue un apodo que le puso su mentor Louis Lepleé, cuando la descubrió cantando en una esquina cerca de la Avenue des Champs Elysées en 1935.

Una artista enorme contenida en el cuerpo de una mujer chiquita, que supo transformar tanta tragedia en luz y el sufrimiento en canto. Una sobreviviente de todo y una de las genuinas heroínas del Siglo XX. Verdadero mito desde el 10 de octubre de 1963.

Sin embargo Edith ya period leyenda mucho antes de su muerte.

No solo por la magia de su voz tan singular, sino también por la expresividad de sus manos y de esos ojos que siempre parecían tristes. Su sola presencia irradiaba un magnetismo irresistible. Un dato que no sorprende, porque tantos años después si hacemos el ejercicio de escuchar cualquiera de sus interpretaciones grabadas, descubriremos que es imposible no rendirse ante sus encantos intactos.

Artista generosa

Recorte Del Diario Francés Con La Actuación De Edith Piaf Y Atahualpa Yupanqui.

Recorte del diario francés con la actuación de Edith Piaf y Atahualpa Yupanqui.

Posiblemente por su historia de sacrificios y privaciones, la Môme Edith, fue antes que nada una artista wise y generosa, dispuesta a ayudar a sus colegas desconocidos o necesitados, ofreciéndoles un lugar a su lado en sus conciertos. Esto lo supo bien nuestro Atahualpa Yupanqui.

Se conocieron en el verano de 1950 en París. Atahualpa, había llegado a Europa en agosto de 1949 proveniente de Uruguay donde había decidido exiliarse en mayo, censurado y prohibido por el peronismo. Luego de brindar recitales por Europa del Este, Hungría, Checoslovaquia, Rumania y Bulgaria, el 31 de mayo recaló en París.

Allí conoció a los poetas franceses Louis Aragon y Paul Eluard, dos personas fundamentales en el cambio de rumbo de su carrera artística.

Atahualpa Yupanqui, En París.

Atahualpa Yupanqui, en París.

En ese momento la realidad de Yupanqui period dura, ya sin fechas previstas más que una serie de conciertos organizados por entidades relacionadas con el Partido Comunista. Pernoctaba en un resort de mala muerte del Barrio Latino, “un hotelucho de pulgas numeradas”, como él mismo definía.

El 24 de junio de 1950 ofreció su primer concierto en París, en la “Maison de La Pensée Française”, y entre el público además de Aragón y Eluard, estaba Elsa Triolet; famosa escritora ruso-francesa que escribió un elogioso artículo en el diario Les Letres Francaises.

La semana siguiente Yupanqui se presentó en Sala Pleyel, Maison du Peuple de Lens y Congreso de la FMP (“Federación Musical Popular”) en el Ayuntamiento de Saint-Denis. Esos exhibits precedieron al gran encuentro de su vida, generado por Eluard quien un día le dijo: “Esta noche ven con tu guitarra, te voy a dar una sorpresa”.

Y efectivamente lo fue. Atahualpa no pudo disimular su asombro cuando vio entrar al departamento del poeta a Edith Piaf. Ella lo escuchó extasiada, y deslumbrada por su arte le preguntó: -“¿Dónde trabajas?” -En ninguna parte, ya me voy, ya me voy a mi país.

Único E Inigualable. El Folclorista Argentino Atahualpa Yupanqui.

Único e inigualable. El folclorista argentino Atahualpa Yupanqui.

-“No puedes irte a la Argentina antes que París te haya escuchado. No, París tiene que escucharte. Ven mañana a las 8 al Athenée con tu guitarra. Te mandaré un auto al hotel.” Más que una súplica aquello pareció una imposición, porque así period ella.

Sin más, se encargó de la difusión del recital. En el diario Les Lettres Francaises del 29 de junio de 1950, N°318, Pág. 1, salió publicado el anuncio del concierto. “Edith Piaf cantará para ti y para el gran guitarrista y folklorista argentino Atahualpa Yupanqui”. Es llamativo comprobar que el nombre de Don Ata estaba escrito con letra levemente más grande que el de su anfitriona.

La primera noche juntos

Afiche Del Concierto Que Dieron Edith Piaf Y Atahualpa Yupanqui.

Afiche del concierto que dieron Edith Piaf y Atahualpa Yupanqui.

El 7 de julio de 1950 a las nueve de la noche ambos artistas compartieron escenario en el Teatro Athénée: Piaf con Yupanqui. Ella cantó esa noche más de veinte canciones, luego lo tomó de la mano y lo anunció ante su público: “Les presento a Atahualpa Yupanqui, un músico de mucho talento, a quien dejo cerrar el espectáculo. Quiero que lo escuchen como lo merece”.

Las zambas, las milongas y la poesía de Yupanqui conmovieron al público parisino y gracias a Edith el de Pergamino no solo prolongó su estadía en Francia, sino que firmó su primer contrato con el sello discográfico Chant du Monde. Con ellos publicó el elepé Minero soy, y recibió de la Academia Charles Cros el Primer Premio al Disco Extranjero.

Ese mismo año ofreció más de sesenta recitales en ese país, consolidando los cimientos de su carrera internacional.

Por aquel tiempo, Piaf también ayudó a lanzar la carrera de Charles Aznavour, grabó algunas de sus canciones, lo llevó con ella de gira por Francia y Estados Unidos y lo convirtió en su secretario, chofer, confidente y se cuenta que algo más… Pero esa es otra historia.

Su llegada a Buenos Aires

Siete años más tarde de aquel recital con Yupanqui, la Piaf al fin llegó a Buenos Aires.

Actitud, Sensibilidad Y Toda La Voz, Es Lo Que Reunía Edith Piaf.

Actitud, sensibilidad y toda la voz, es lo que reunía Edith Piaf.

Había estado en México, Brasil y Cuba. En abril de 1957 debutó en el cine-teatro Ópera de la calle Corrientes, acompañada por Hugo Pierre, un gran referente del saxo en nuestro país.

El saxofonista rosarino, lo recordó así: “A los dos años de estar en Buenos Aires apareció el baterista José Correale (percusionista en el Conjunto 9 de Astor Piazzolla) y me preguntó si quería tocar una semana en el cine Ópera con Edith Piaf. Yo tenía 21 años, no lo podía creer. Tuve mucha suerte”.

Vestida toda de negro, parada en medio del escenario, su figura esmirriada (medía 1.47 y pesaba 44 kilos) contrastaba con el enorme poder de su voz, sus ojos y sus manos. Seductora, se adueñó de la sala que ambientada con un cielo de estrellas y nubes en movimiento parecía el entorno best.

En el Ópera se sucedieron los “bravo” y las ovaciones de manera intermitente. El público que ya la admiraba antes de conocerla, por sus grabaciones, se rindió subyugado ante la calidad y calidez interpretativa de la leyenda francesa.

Durante esa visita, también se presentó en Radio El Mundo, ubicada en Maipú 555 (el edificio donde hoy funciona Radio Nacional). En aquel tiempo, asistir a los eventos artísticos organizados en ese auditorio period como ir a una función de gala en el Teatro Colón, ya que las más grandes estrellas de la canción mundial desfilaban por la emisora para cantar en vivo.

Hizo allí varias presentaciones con el auspicio de Sidra Actual, y Antonio Carrizo fue el encargado de anunciarla: “Aquí está ¡Edith Piaf”. Hábil conductor y locutor, supo que no hacía falta más. Los aplausos invadieron el recinto.

Edith agradeció como solía hacer en cada gira por América leyendo un texto sobre el tema que iba a cantar, lo hacía en un español rudimentario pero encantador: “La melodía que ustedes oirán me sigue a todas partes donde voy, la oigo cuando estoy triste y especialmente cuando estoy contenta, parece que se burla de mí por mis pecados del pasado, me persigue y me está volviendo loca”.

Suena la música y su voz arremete con el estribillo de Padam Padam: “Padam… padam… padam… /Il arrive en courant derrière moi (Llega corriendo tras de mí) Padam… padam… padam…/ Il me fait le coup du souviens-toi (Me engaña para que me acuerde de ti)”.

Edith Piaf Y Uno De Sus Grandes Amores, El Boxeador Marcel Cerdan, En Un Restaurante En Nueva York.

Edith Piaf y uno de sus grandes amores, el boxeador Marcel Cerdan, en un restaurante en Nueva York.

La canción nuestra que hizo suya

Ocurrió en Buenos Aires también un suceso fortuito, que la uniría para siempre con nuestro país. Se enamoró de una canción y lo hizo suya, literalmente.

La escuchó por primera vez en la voz de Alberto Castillo junto a la orquesta de Ricardo Tanturi. Un clásico de la música standard argentina y a partir de su relectura, una de las canciones más versionadas de la historia.

Que nadie sepa mi sufrir, también conocido como Amor de mis amores, es un vals criollo-peruano compuesto en 1936 por Ángel Cabral con letra de Enrique Dizeo, y grabado por el physician Alberto Castillo en 1953.

Tan encandilada quedó la “Môme” con la melodía que apenas llegó a París le encargó al compositor Michel Rivegauche que escribiera una letra diferente a la authentic. La registró y la grabó como La foule (“La multitud”), ese mismo año la estrenó en el Olympia de París y rápidamente la convirtió en uno de los grandes éxitos de su repertorio.

La música es igual, pero la letra no se acerca al original. No es siquiera una adaptación libre, ya que conceptualmente se trata de dos historias opuestas. En la original se relata el abatimiento por un amor perdido, en la versión francesa se refleja la pasión entre una pareja que se conoce en un baile multitudinario y que intentará no perderse entre el ir y venir de la música.

La foule dio la vuelta al mundo y tanto los peruanos (tal vez porque se trata de una canción cuya música está catalogada dentro del género vals-peruano) como los mexicanos (que la convirtieron en una ranchera muy popular) en algún momento quisieron adjudicarse la autoría.

En abril de 2012, durante una charla organizada por Argentores, en el marco del ciclo “Los creadores y sus derechos en Internet”, Susana Rinaldi recordó cómo en los años ‘70 cuando vivía en París logró que se reconocieran tardíamente los derechos de autor de la canción.

“Argentina fue el primer país que pudo meter en la ciudadanía el concepto de propiedad intelectual -contó La Tana Rinaldi-. La discográfica Barclay me dijo: ‘Queremos que grabe La Foule, de Rivegauche y Piaf”. Y yo contesté: ‘La voy a cantar pero a mi modo. Ante todo no es La Foule, sino Que nadie sepa mi sufrir. Y le pertenece a Ángel Cabral, que es argentino. Esta obra no es de Piaf. Acepto grabar, si figura Cabral”.

La canción finalmente quedó registrada con el nombre del autor de la música. “¡Los millones que le tuvieron que pagar a Cabral por haberlo desconocido tantos años!”, concluyó su anécdota Rinaldi.

Claro que la reivindicación ocurrió varios años después de la muerte de Piaf.

Con Su Acordeón, Edith Piaf Se Acompañaba Con El Instrumento Para Cantar.

Con su acordeón, Edith Piaf se acompañaba con el instrumento para cantar.

Tres canciones inolvidables

Esta canción, junto a La vie en rose y Non, Je ne regrette rien, es parte de lo que se considera la trilogía sagrada de la cantante.

Non, je ne regrette rien (No, no me arrepiento de nada) es una de las últimas canciones que quiso grabar. La estrenó el 10 de noviembre de 1960 en el Olympia de París y es valorado como un himno de reconciliación con su pasado, pero también como su gran declaración de principios.

Algo parecido sucedió con su otro tema fetiche. La vie en rose, escrito por ella en 1946 con música de Louis Gugliemi, no es otra cosa que la ofrenda de una persona que sólo buscaba un poco más de amor.

La vie en rose recibió el Grammy Corridor of Fame Award en 1998.

Una Diva. Edith Piaf Posa A Borde Del Barco Queen Elizabeth, En Nueva York, En 1947. Foto Ap

Una diva. Edith Piaf posa a borde del barco Queen Elizabeth, en NUeva York, en 1947. Foto AP

Existe un video filmado durante su gira por México en 1956 que la muestra en su esplendor cantando La vie en rose en español. Una exquisitez y una rareza, ya que no existen otros registros de aquella gira. Y ella, como siempre hacía, se despide diciendo: “Adiós amigo”.

Edith Piaf murió el 10 de octubre de 1963, a los 47 años, pero la noticia se conoció recién al día siguiente. Francia amaneció desolada. Al enterarse su amigo Jean Cocteau, sufrió un infarto.

“Una idealista, una optimista de ojos tristes, manos de princesa, un cuerpo frágil marcado por una infancia llena de hambre. Delicada y robusta, valiente y tímida, que canta desde el corazón, ofreciendo su amor, su amistad, su ayuda e inspiración, creyendo en todo con la poderosa fuerza de su espíritu romántico” fueron las palabras de su íntima amiga Marlene Dietrich en su biografía.

Naturalmente la despidieron en las calles de la ciudad con flores y homenajes. Irónicamente, como un último despojo que iba a padecer, y por decisión de la Iglesia francesa, no pudo tener exequias religiosas por ser una mujer divorciada. Maurice Feltín, Arzobispo católico de París, se negó a oficiar un funeral por ella.

A su entierro en París asistieron más de cuarenta mil personas, y fue sepultada en el cementerio de Pére-Lachaise, donde descansa junto a su hija Marcelle (su única hija murió de meningitis a los 2 años, en 1935) y a Théo Sarapo, su último marido.

La Tumba De Edith Piaf, En El Cementerio De Père Lachaise, Enparís. Foto Shutterstock

La tumba de Edith Piaf, en el cementerio de Père Lachaise, enParís. Foto Shutterstock

Una vida de película

Edith Piaf filmó diez películas. Y tanto el cine como el teatro hasta hoy le siguen rindiendo homenaje con “biopics” o ficciones basadas en su vida. Una de las más impactantes quizás sea la película La vie en rose, de Oliver Dahan, estrenada en 2007. Por su interpretación la actriz francesa Marion Cotillard ganó el Oscar a la mejor interpretación.

En la Argentina siempre ha generado una fascinante admiración. Desde Marikena Monti, llamada “la Piaf argentina” y una de las primeras en interpretar su repertorio, se han realizado conciertos, obras de teatro, musicales y ciclos dedicados al gorrión de París.

Para destacar: La Piaf, adaptación de Roberto Cossa protagonizada por Virginia Lago, entre 1983 y 1986. Y Piaf, de Pam Gems con Elena Roger, que estuvo en cartel entre 2008 y 2010. Con esta obra Roger, que la protagonizó en Buenos Aires, Londres y Madrid, ganó los premios Olivier (por su actuación en Londres), ACE, Hugo y Hugo de Oro.

WD

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