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“Aprendí a convivir con el vértigo”

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Y un día, Okupas llegó a Netflix. Esa serie de culto, creada por Bruno Stagnaro, que marcó un hito en las ficciones televisivas nacionales, llevaba años atrapada en una maraña legal y, por lo tanto, confinada al consumo pirata de baja calidad. El obstáculo para su reproducción, exportación y hasta edición en DVD eran los impagables derechos de las canciones de su banda de sonido.

Desde esta semana, Okupas está disponible legalmente, con gran parte de la música con la que fue concebida y muchas canciones nuevas, compuestas para la ocasión por Santiago Motorizado.

Pasaron casi 21 años desde su estreno en Canal 7, el 18 de octubre de 2000. Desde entonces se vio tres veces más -en 2001 el mismo Canal 7, en 2002 en América y en 2005 en Canal 9- pero después las reglas del juego audiovisual cambiaron.

“En la televisión de aire vos pagabas un canon fijo y ponías música a granel, como si fuera una radio. Entonces podías poner lo que quisieras”, cuenta Bruno Stagnaro, creador, director y coguionista de la serie con Esther Feldman y Alberto Muñoz.

Bruno Stagnaro, Creador, Director Y Coguionista De &Quot;Okupas&Quot;.. Foto: David Fernández.

Bruno Stagnaro, creador, director y coguionista de “Okupas”.. Foto: David Fernández.

“Era una reglamentación atípica, sólo para la Argentina. En aquel momento nadie nos dijo nada, pero si hubiéramos sabido lo que iba a pasar habríamos tomado un camino distinto. No habríamos puesto tan alegremente tantas canciones de los Beatles”.

Otros nombres ilustres que sonaban en la serie original eran los Rolling Stones, Bob Marley, The Doors, Jimi Hendrix, Mano Negra, Bauhaus y The Who. Entre los argentinos, Almendra, Manal, Los Abuelos de la Nada, Pappo’s Blues, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, y siguen las firmas.

En rigor, el cambio de banda de sonido no fue tan radical: “De las canciones nacionales sigue estando el 80 por ciento. Había que cambiar el resto y también varios temas internacionales. Eso generaba una masa de unos cincuenta temas, aunque muchas veces son fragmentos de apenas 20 o 30 segundos”.

Okupas Regresó A La Pantalla Gracias Al Streaming.

Okupas regresó a la pantalla gracias al streaming.

El elegido para la tarea fue Santiago Barrionuevo, más conocido como Santiago Motorizado por ser el líder de Él Mató a un Policía Motorizado. “Fue un proceso paulatino. Inicialmente lo contacté porque había un par de temas de la primera época de la banda que me interesaban, porque tenían una estética afín a Okupas. Cuando hablé con Santiago, él me comentó que era fanático del programa y que le encantaría hacer la nueva banda de sonido. Yo estuve encantado, porque me gusta mucho lo que él hace”.

Una ficción disruptiva

Junto a Adrián Caetano, en 1998 Bruno Stagnaro había sembrado la semilla del Nuevo Cine Argentino con Pizza, birra, faso. Dos años más tarde Ideas del Sur, con Marcelo Tinelli a la cabeza, le produjo la serie que provocaría un quiebre semejante pero en televisión.

A lo largo de once capítulos, Okupas contó la historia de Ricardo (Rodrigo De la Serna), un joven de clase media que, en un franco descenso social -semi voluntario y semi forzado por la situación económica- conoce el lado marginal de Buenos Aires junto a El Pollo (Diego Alonso), el rolinga Walter (Ariel Staltari) y El Chiqui (Franco Tirri).

Rodrigo De La Serna, Diego Alonso, Franco Tirri Y Ariel Staltari, Los Protagonistas De Okupas.

Rodrigo de la Serna, Diego Alonso, Franco Tirri y Ariel Staltari, los protagonistas de Okupas.

La serie fue toda una novedad en una época en la que las ficciones transcurrían en su mayor parte puertas adentro de los estudios de grabación, con historias de un costumbrismo que evitaba cruzar ciertos límites de la crudeza callejera.

Al mejor estilo del neorrealismo italiano, Stagnaro y su equipo salieron a filmar a una Buenos Aires en descomposición y a una juventud que estaba padeciendo las consecuencias de diez años de neoliberalismo.

“Era una célula independiente de gente que en su gran mayoría venía de hacer Pizza, birra, faso conmigo. Fueron dinámicas parecidas. Si bien era cine, Pizza… no era cine industrial: también tuvo un esquema muy artesanal y muy de guerrilla”, recuerda Stagnaro.

Marcelo Tinelli, Flanqueado Por Bruno Stagnaro Y Rodrigo De La Serna.

Marcelo Tinelli, flanqueado por Bruno Stagnaro y Rodrigo de la Serna.

Okupas se empezó a proyectar a medida que lo íbamos haciendo y eso fue llegando a una cuenta regresiva que llegó al paroxismo en el último capítulo, cuando estaban empezando a emitir el programa y todavía estábamos bajando los últimos bloques”.

“Así que lo que más me quedó de Okupas fue aprender a convivir con el vértigo. Al punto tal que después me costó transitar procesos en donde ese vértigo no estuviera. Necesité replicarlo para sentirme en casa”.

-Cuando tuviste más recursos a disposición, todo te costó más.

-Absolutamente. Muchas veces la limitación te organiza. Si tengo tiempo y dinero, empiezo a abrirme en distintos caminos. Okupas en ese sentido era un límite tras otro, entonces era muy estructurante.

-¿Cuántas más libertades había en ese momento para escribir una ficción?

-Bastantes. Pero hoy uno debería tomárselas también: la corrección política es uno de los enemigos a derrumbar cuando te ponés a hacer ficción. Si no, quedás preso de elementos que no forman parte del corazón de lo que estás haciendo. Hoy también todo es más complejo desde otros puntos de vista: lo que hacíamos nosotros de poner la cámara en la calle y empezar a filmar hoy es totalmente impracticable.

Bruno Stagnaro Durante El Rodaje De Okupas.

Bruno Stagnaro durante el rodaje de Okupas.

-¿Por qué?

-Todo está muchísimo más regulado en términos legales, te exponés muchísimo más a conflictos respecto de los derechos de imagen. En cuanto a la corrección política, hay que hacer el ejercicio mental de sacudirse esa mirada externa que va a estar juzgando todo desde un punto de vista moral.

-¿Cómo va a ser recibida hoy Okupas por gente que no la vio en su momento?

-Mi expectativa es que suceda lo que me sucede a mí como espectador con obras que, si bien están muy arraigadas a un determinado momento, al mismo tiempo son atemporales porque están apoyadas sobre dinámicas humanas eternas, como la búsqueda de uno mismo o la necesidad de tener un lugar de pertenencia, de afecto. En ese sentido Okupas es bastante universal y atemporal.

-¿Qué conclusiones sacás al verla hoy?

Rescato la impunidad total que teníamos. Estábamos mucho más cerca del amateurismo. Eso se percibe y me gusta. Se ve algo mucho más liviano y más osado. No estábamos tan pendientes de la mirada ajena. Para mí era un producto con un destino muy efímero: iba a verse en Canal 7, posiblemente por muy poca gente.

Okupas, La Miniserie Que Mostró La Cruda Realidad De La Calle,

Okupas, la miniserie que mostró la cruda realidad de la calle,

-¿La nueva perspectiva de género puede afectarla?

-No es un tema que me preocupe. El corazón de la historia pasa por otro lado y si hubiera esa lectura no me haría cargo. El interés de la historia pasa por los vínculos y por lo afectivo. Es una historia claramente masculina, pero incluso en el mundo de hoy puede existir una historia masculina, ¿no?

La cara oscura del éxito 

-Alguna vez dijiste que Okupas te dio mucho y te quitó mucho también. ¿Por qué?

Okupas fue un sueño de adolescencia. Fue algo desde muy chico soñé concretar. Y se me dio muy rápido. Eso me sorprendió un poco y me desestabilizó. Me colocó en un lugar de mucha autoexigencia. Pretendía que eso fuera una base de partida para construir mi carrera. Me llevó bastante tiempo darme cuenta de que lo que había sucedido con Okupas tuvo un importante elemento de azar.

-¿Por qué?

-Mi participación fue importante, pero también lo fueron elementos que no dependían de mí, que fueron completamente azarosos y afortunados. Okupas tuvo una dinámica de nutrirse permanentemente de cosas que iban pasando y que nosotros no controlábamos.

-¿Trataste de repetirlo y no pudiste?

-Claro, porque en gran medida era algo irrepetible, y yo pretendía volver a llegar ahí desde un plano muy intelectual, o de escritura de guion. Se me tornó algo complejo de procesar y después de Okupas quedé atrapado en una dinámica de escribir muchísimo, no quedar conforme con el resultado y entonces suspender el proceso.

Bruno Stagnaro Y Rodrigo De La Serna, Direcor Y Protagonista De Okupas.

Bruno Stagnaro y Rodrigo de la Serna, direcor y protagonista de Okupas.

-Hasta “Un gallo para Esculapio”.

-Sí, Un gallo para Esculapio fue una revancha, porque fue uno de esos procesos que había interrumpido en los años posteriores a Okupas. Pero tengo un montón de otros proyectos que nunca recuperé. Siento que literalmente son ciudades abandonadas. Fueron años de estar transitando esa situación, con espacios que quedaron en suspenso, detenidos hasta que en algún momento logre rescatarlos.

Se hace camino al andar

-¿Okupas terminó beneficiándose de cierta improvisación y de ir haciéndose sobre la marcha?

-Sí, absolutamente. Pero quiero aclarar que no era todo improvisado ni surgía sobre la marcha: había un trabajo de guion muy sólido. Es cierto que a medida que nos fuimos acercando hacia los últimos capítulos, nos empezó a jugar en contra el reloj de las entregas. Entonces sí, muchísimo se iba resolviendo sobre la marcha y esa dinámica empezó a abastecerse de elementos que tenían que ver con la precariedad en la que estábamos inmersos.

Rodrigo De La Serna Descolló Como El Protagonista De Okupas.

Rodrigo de la Serna descolló como el protagonista de Okupas.

-¿Por ejemplo?

-El auto en el que la banda del Negro Pablo hace su primer recorrido, es un Renault 6 en el que hay que hamacarse para que funcione. Era realmente el auto de Claudio Sambi, el jefe de producción, y tenía esa característica. Él explicó que si en medio de la escena se trababa, la manera de resolverlo era esa. Y terminó siendo una característica de este grupito, que te mostraba la poca monta que tenía. Así como esas hay un montón de cosas que se fueron dando muy sobre la marcha y tuvimos la suerte de encontrarle a cada una el lugar adecuado para que el conjunto funcione.

-Esa aparente debilidad se convirtió en una de las fortalezas de la serie.

-Sí, y por eso una de las características de Okupas es que replica muy bien la vida. Es algo que está detenido en un casete, pero cuando le ponés play parecería que vuelve a cobrar vida y vuelve a estar pasando. Eso me sigue resultando muy misterioso.

-Y traumático.

-Sí, ese misterio fue lo que me empezó a pesar después, porque yo quería volver a esa atmósfera y ese lugar y me fui dando cuenta de que no era tan simple. Tenían que darse un montón de factores que eran misteriosos e ingobernables. Entre ellos, el vacío al cual nos enfrentábamos cuando estábamos haciendo una escena. O sea, la falta de tiempo. Esa sensación de que tenés que hacerlo sí o sí, sin red. Y que lo peor que te puede pasar no es que te quede malo, sino no llegar y que no exista. Es muy difícil replicar eso desde la tranquilidad del teclado.

-¿Esa cualidad es lo que hizo que Okupas perdurara?

-Es uno de los factores, porque ese vértigo quedó impregnado, más allá de que hasta el capítulo seis o siete todo está diseñados dentro de un esquema productivo estándar. La única salvedad es la famosa escena del “mascapito”. La estábamos escribiendo al mismo tiempo que estábamos haciendo el casting. Cuando se presentó Dante (Mastropierro) yo le planteé la situación y él lanzó una improvisación tan buena que le pedí permiso para incorporarla dentro del guion.

Diego Alonso En El Rodaje De Okupas

Diego Alonso en el rodaje de Okupas

El legado de Okupas

-¿Cuál es el legado de Okupas?

-No sé si hay un legado, pero me gusta pensar que su vigencia tiene que ver con lograr una empatía con el espectador respecto de sentirte parte de un grupo humano, e ir descubriendo junto a ellos un lugar afectivo que al comienzo del relato era totalmente incierto. Ese es el verdadero corazón de la serie, más allá de toda la indagación en la marginalidad. Con respecto a esto último, nunca quise que fuera una mera estética, la dureza por la dureza en sí misma, sino mostrar que incluso la persona que parece más dura tiene un lugar en donde es frágil.

-¿Qué te pareció la explotación de la marginalidad que se dio a partir de Pizza, birra, faso y Okupas?

-Una cagada, porque fue la utilización de una fórmula, la capa externa de una estética, con muy poco contenido. El producto más paradigmático en ese sentido fue Policías en acción, donde tenías una estética similar a la de Okupas, pero al no estar mediada a través del afecto, era un zoológico humano, una sucesión de personajes extravagantes, con eje en sus miserias. Es muy botón ese punto de vista. El riesgo de una serie que indaga en el mundo marginal es que quede atrapada en el regodeo de la truculencia y se olvide de los personajes.

Martel, las series y el siglo XIX

-Hace un tiempo Lucrecia Martel hablaba de las series como un emergente del momento conservador que estamos viviendo y decía que son un retroceso a las novelas del siglo XIX, “el puro argumento”, una manera estandarizada de contar historias. ¿Estás de acuerdo?

-No tanto, porque plantea que hay una dirección, un avance o un retroceso, y para mí el devenir de las expresiones artísticas es completamente anárquico. Puede ponerse de moda un tipo de relato y en un par de años quedar perimido, cincuenta años después volver a ponerse de moda. Sí creo que hay definitivamente una estandarización en el lenguaje narrativo, pero no lo relaciono directamente con si es una serie o no.

-Es un mal que abarca también a las películas.

-La cuestión es si algo tiene alma o no. Hay películas desangeladas y series que son puro corazón. Y también otras que son pura fórmula, claro. Lucrecia hablaba de la cuestión decimonónica, y yo amo las novelas del siglo XIX. Ojalá yo pudiera lograr el grado de indagación del espíritu humano de Dostoyevski, por ejemplo. Me encantaría lograr esa intimidad del espectador viendo un audiovisual, creo que es absolutamente difícil y moderno lograr eso.

Un Momento De La Grabacion De Okupas.

Un momento de la grabacion de Okupas.

Los capítulos favoritos de Stagnaro

“Me gusta mucho el capítulo 3 (El ojo blindado), porque es donde yo veo más la influencia de películas que me gustaban y que fueron el disparador inicial para para soñar con Okupas. American Graffiti, de George Lucas; Los inútiles y La dolce vita, de Fellini; Cuenta conmigo, de Rob Reiner.

“Al capítulo 4 (El beso de Judas), el del mascapito, también lo elijo por razones obvias, porque logramos algo que era bastante particular. Pero los que más me gustan son los últimos, en donde todo era un caos. Filmamos cosas que no sabíamos si iban antes o después y más o menos íbamos tanteando en la oscuridad, buscando a ver cómo completar el día de filmación. Fue todo tan a los tumbos que después cuando finalmente ves que eso adquirió cierta organicidad es un milagro”.

“En ese sentido, esos últimos capítulos para mí tenían algo como muy budista: me vacío y me lanzo a lo que venga. Mucho tiempo después conocí al Chango Spasiuk que tiene una frase que me encanta: ‘Créate una necesidad, que aparecerá la herramienta’. Así fueron los últimos capítulos”.

WD